Manuel Blanco, catedrático de Arquitectura: “El mundo que vivimos era la fantasía de hace dos generaciones”

Las casualidades pueden ser de todo tipo, incluso arquitectónicas. Por eso, cuando Manuel Blanco, en su infancia, subía y bajaba la calle Lucio del Valle de Madrid para ir al colegio Claudio Moyano o al instituto Ramiro de Maetzu, nada le hacía presagiar que terminaría ejerciendo lo mismo que aquel, el puesto de director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM) de la Universidad Politécnica (UPM).

Las palabras tienen curiosas implicaciones para quien las usa, y los lugares afectan a las personas que los habitan, como él mismo sostiene. “Vivir en ese barrio del ensanche de Madrid, esa parte de Chamberí justo al límite de la franja entre Ríos Rosas e Islas Filipinas, definió en mí quizá un entendimiento de la ciudad… y de la vida”.

Su educación familiar y seglar fueron “en casa, en donde era hijo único y viajábamos constantemente para ver museos y arquitectura, y en el Ramiro, un instituto público estupendo: cuando hice un test en COU para revisar qué estudiar, yo pensaba en Caminos, Industriales o cualquier carrera de ingeniería, y me salió claramente la recomendación de que estudiara Arquitectura”.

El director de la ETSAM recuerda su primer año de carrera en el que aprobó todas las materias, pero tuvo que recuperar Análisis de Formas Arquitectónicas, “asignatura, que suspendí en el año 72, pero en el 93 me convertí justamente en el catedrático de esa asignatura, que consiste en enseñar a leer arquitectura”.

Desde que entró a formar parte de la escuela de la Politécnica, su actividad profesional y docente estuvieron ligadas. “He sido profesor desde tercer curso de carrera, pero no sólo. Para mí, comisariar y diseñar exposiciones era una manera de divulgar por medio de la arquitectura, contar en un espacio, transmitir al público general cómo entender y leer lo contemporáneo”.

En este sentido, destacan sus muestras sobre Isabel Muñoz o Miquel Navarro, las exposiciones sobre Calatrava y Campo Baeza, y el centro de interpretación de la ciudad de cultura de Galicia. Merece una mención especial su pabellón en la Bienal de Venecia del 2006: Nosotras, la ciudades. Reunía, por primera vez, a 100 mujeres que contaban cómo intervenían en la ciudad, y tuvo una gran repercusión internacional.

Encargado actualmente de la museografía del Museo de las Colecciones Reales, obra de Emilio Tuñón y Luis Mansilla, cree que para poder enseñar “uno debe entender qué es lo que implica aquello que enseña, qué sucede en el mercado y qué pasa dentro y fuera de España”.

Terminó su tesis en el año 87, en el 88 obtuvo la titularidad y en el 93 la cátedra, con 38 años. “Siempre he enseñado lo mismo en realidad: a leer arquitectura, a leer ciudad”. Desde que es director –reelecto el pasado abril- de de ETSAM, desde 2017, compagina este cargo con responsabilidades en la escuela de moda de la UPM.

En estos momentos preside además la Conferencia de Escuelas de Arquitectura de España y EUROPAN, una asociación internacional que se dedica “a organizar concursos para arquitectos menores de 40 años que se enfrentan a proyectos en ciudades y poblaciones que necesitan de su construcción”, añade.

Para Blanco, experto en ese singular triángulo de arquitectura-moda-sostenibilidad, vivimos en un momento excitante de gran oportunidad, “nada que ver con la serie de televisión Black Mirror”. Un momento muy interesante en el que “lo real y lo virtual se mezclan desde hace años, como cuando estábamos jugando a Pokémon y era la primera vez que lo real y lo virtual estaban fusionados y cientos de personas se movían por la ciudad buscando lugares virtuales”.

Como ejemplo de esta transformación urbana, explica que algunos lugares físicos, como el madrileño barrio de Chueca, “que era el espacio de encuentro de seguridad de la comunidad LGTBi, ahora en parte se han desplazado a espacios virtuales, y las personas pueden acceder a relacionarse por medio de aplicaciones”. Actualmente, “se superponen las capas de lo real y lo virtual en todas las ciudades, y eso es ahí desde hace tiempo”.

Arquitectura sostenible

“El futuro, o es sostenible o no será”, sentencia. Y añade: “Tenemos que hacer llegar a las generaciones siguientes un mundo que se pueda gestionar, mantener, utilizar”. Además, asegura que es necesario que ese planeta futuro no sea “tan caro de mantener como para que no sea factible”.

Para él, “se acaba de transformar el mundo por completo. La pandemia nos ha hecho aparecer en un mundo distinto. Una nueva realidad. Un sistema se compone de elementos y relaciones; ahora, aunque los elementos en su mayoría son iguales, se han cambiado las formas de relacionarnos”.

Blanco fue uno de los innvitado a la mesa redonda sobre arquitectura de las Jornadas sobre cultura sostenibles de El Teatro Real, recuerda que “había varias líneas: en una se defendía el entendimiento a través del código técnico, una apuesta por las llamadas passivhaus, bajando los niveles de consumo y aumentando el aislamiento, para que no perdamos energía y, por otro lad,o había otras que decían tener en cuenta sistemas tradicionales, de inercia térmica o de ventilaciones cruzadas”.

Pregunta: ¿Quién tiene razón entonces?

Respuesta: Tenemos todos razón y hay que llegar a varias soluciones. La sostenibilidad no puede ser sólo del primer mundo y no puede ser sólo a alto coste. Hay que medir y ver cuáles son los sistemas de una sostenibilidad real. Arquitecturas sostenibles, pero razonables: no es sólo que cumplan la agencia de certificación, sino que con los ojos de un sentido común no sean un puro disparate.

P.: ¿Cómo encuentra a las nuevas generaciones?

R.: Las nuevas generaciones piensan en términos de sostenibilidad y no les puedes plantear nada que no lo sea. Y lo tienen claro. La arquitectura no solamente interviene respecto a procesos de construcción sino también en la indumentaria y otros ámbitos

P.: ¿A qué sectores de actividad cree que afecta más la arquitectura?

R.: No hay ninguna actividad humana a la que le sea ajena la arquitectura, porque para mí está relacionada con toda transformación de la superficie terrestre para adaptarla a la actividad humana, como afirmaba William Morris.

P.: ¿Cómo ha cambiado su estudio?

R.: Sigue teniendo una carga técnica. Juan de Herrera comienza los estudios de arquitectura de mi escuela en tiempos de Felipe II en la Real Academia Matemática, y los seguimos manteniendo, ahora tenemos que conseguir que las ciudades sean bellas, funcionales y sostenibles, que respondan a las necesidades actuales, que sean asequibles y nos permitan vivir en comunidad, no irritados ni molestos. Hay arquitecturas del día a día que funcionan pero hay otras que provocan irritación y perturban nuestras relaciones.

P.: ¿Algunas referencias en sostenibilidad?

R.: Acaba de premiarse con un Pritker a Francis Kéré por sus obras en África y hay una exposición de Anna Heringer en ICO, de arquitecturas basadas en elementos sostenibles. Indagar sobre elementos tradicionales de la arquitectura, desarrollando e introduciendo la contemporaneidad es un camino. También hay una corriente que busca soluciones más industrializadas como te decía antes.

P.: ¿Algún nombre de arquitectura que destaque especialmente en alguno de estos dos vectores?

R.: La discusión ya no es un tema de figuras, sino de constelaciones. Estamos entrando en un mundo mucho más ligado, no es la Estrella Polar, es la Vía Láctea [sonríe]. Cada uno desde su punto de vista y esfuerzo, intentando que esto marche.

P.: Su escuela alberga un singular programa de doctorado.

R.: Sí, sobre arquitectura, diseño, moda y sociedad. Parte del convencimiento de que la arquitectura, el territorio, las ciudades, los edificios, son espacios que nos envuelven pero que tienen tanta importancia como los que componen nuestro ajuar. Como la segunda piel que tenemos, la moda, la indumentaria. Hace poco di una conferencia sobre moda y arquitectura en Caixafórum y los asistentes se sorprendían de las similitudes, no sólo en cuanto a mecanismos de producción o de configuración sino en cómo influyen una en la otra.

P.: ¿Es la arquitectura-moda un duplo?

R.: Pienso que sí. Todos estamos vestidos y la indumentaria acompaña todas las funciones de nuestra existencia al igual que la arquitectura. En la Escuela de Arquitectura de la UPM hemos creado una oficina de sostenibilidad, que pretende ser un interlocutor para todos los proyectos y un lugar para poder ir. Y en el Centro Superior de Diseño de Moda de la UPM existe un aula de sostenibilidad, con el grupo Tendam.

P.: ¿Algún proyecto de moda sostenible?

R.: Ecoalf es desde luego muy conocido en el mundo de la moda, tremendamente ligada a la sosteniblidad, porque ha hecho de eso su bandera y su responsable creativa es ex alumna de nuestro centro. Pero todos los creadores de moda están pensando en estos terrenos hoy, porque es un tema de responsabilidad y porque el mercado lo está pidiendo. Lo que se está viendo es qué repercusiones económicas tienen esas soluciones y cuánto estamos dispuestos a contribuir para que todo sea más sostenible.

P.: ¿Y la belleza vitruviana, sigue siendo importante?

R.: El desafío que ocupa en este momento a los creadores de todos los campos es que un buen diseño sea bello, cumpla con otro tipo de cualidades, no sólo las cualidades técnicas, que no tengamos que castigarnos viviendo en algo que no sea bello, que la sostenibilidad no sea un valor sustitutivo de la buena arquitectura, o la buena indumentaria. Los buenos diseños son sostenibles, funcionales y sirven para inspirar a otros.

P.: ¿Y qué nos dice de Madrid, su ciudad?

R.: La maravilla de Madrid es que somos muchos pueblos en uno. Cada barrio es un pueblo y una ciudad, y nos cruzamos. Geográficamente somos una mezcla tremendamente fluída. La maravilla de Madrid es que por mucho que quieran, nadie se lo puede apropiar. Es muy difícil porque es muy fluído y muy sensato. Tiene mucho de sentido común, nunca acaba de creerse del todo pero hace cosas, se transforma todo el tiempo. Madrid es una ciudad en la que hay mucho respeto de unos por otros, eso pienso.

P.: ¿Y qué futuro nos espera en las ciudades de este tipo?

R.: Todos los años por estas fechas propongo un ejercicio a mis alumnos, que durante tres semanas tomen nota de los espacios reales y virtuales en los que transcurre su existencia y la cuarta semana elaboren un análisis. Esto les demuestra que ya vivimos en ese supuesto futuro lejano. Fíjate que vemos temas bélicos en Tik Tok, la realidad nos llega en directo o en cápsulas de diferido muy inmediatas e interfiere en nuestra propia realidad.

P.: Entonces, ¿el futuro es ahora?

R.: Seguimos intentando hablar del futuro cuando lo que tenemos es futurible ya, el mundo en que vivimos es la fantasía de hace dos generaciones. Tenemos una gran responsabilidad al vivir en un presente que siga valorando la sostenibilidad, pero también la presencialidad, cosas que la pandemia ha llevado a ser lujos de la existencia. Pero lo más increíble es estar cerca de nuestros seres queridos y con la gente que hace que nuestra fuerza y energía sea mayor.

Fuente: https://www.elespanol.com/

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