Raquel Orantes se niega a llamar padre al asesino de su madre. Con 8 años no quería ser su hija. Y describe que vivir con él: “Era horror, era miedo, era silencio, era respeto y, a veces, no hacía falta que te levantara la mano, sino simplemente, con mirarte, te hacías pipí encima. Esa fue mi infancia”. El día del asesinato, el 17 de diciembre de 1997, en Cúllar Vega, en Granada, su madre, Ana, se levantó triste porque había soñado con sus hijos. Tuvo 11, pero 3 murieron. Ella no podía entender, cómo, teniendo unos hijos tan maravillosos, su exmarido no los podía querer. Raquel cuenta que en ese momento “yo la abracé. Le dije que queriéndonos ella era suficiente, y que la queríamos, y que la adorábamos, y que no la íbamos a dejar jamás sola”. “Nos quedamos desamparados, no recibimos ninguna ayuda“ Pero no fue posible. Su
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