Nayara apenas guarda recuerdos de su madre, Patricia Maurel. Tenía tan solo tres años cuando, en 2003, su padre la asesinó a tiros en la provincia de Teruel, un crimen por el que fue condenado a 18 años de cárcel. Tanto ella como sus dos hermanos, que entonces tenían 5 y 7 años, se quedaron al cargo de sus abuelos maternos, que se enfrentaron a grandes dificultades, tanto emocionales como económicas, e incluso tuvieron que luchar para evitar que la custodia pasara a la hermana del feminicida. El apoyo institucional que los tres menores recibieron entonces fue muy limitado, cuenta Nayara a Infobae, por eso destaca la importancia de ayudas como las becas Soledad Cazorla de la Fundación Mujeres, que brindan apoyo a hijos e hijas de mujeres asesinadas por violencia de género y que, en su caso, le permitieron estudiar integración social y continuar su formación en Zaragoza. La
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