Los libros son una fuente indispensable de enriquecimiento intelectual para muchos lectores. (Foto: TRAN AN)
En un mundo que afronta múltiples desafíos simultáneamente —desde el cambio climático y la desigualdad hasta la crisis de la información—, mientras que la infraestructura física genera crecimiento, los libros y la cultura de la lectura se están posicionando como una forma de “infraestructura blanda” que fomenta las habilidades de pensamiento crítico, un elemento fundamental que determina la adaptabilidad y el desarrollo sostenible de una sociedad.
El Centro de Recursos para los ODS (RELX) afirma que la industria editorial se percibe cada vez más como un motor directo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Los libros contribuyen a la difusión del conocimiento, moldean las percepciones, generan consenso y promueven la acción, desde la educación (ODS 4) y la igualdad de género (ODS 5) hasta la reducción de la desigualdad (ODS 10) y la creación de instituciones eficaces (ODS 16).
La iniciativa SDG Publishers Compact, en la que participan alrededor de 300 editores, demuestra que el sector editorial está pasando de “reflexionar” a “participar en las soluciones”.
Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) muestran que, si bien las tasas de alfabetización a nivel mundial rondan el 87%, 739 millones de personas siguen siendo analfabetas, de las cuales aproximadamente el 70% son mujeres. Esta situación se concentra principalmente en el sur de Asia y el África subsahariana —regiones que enfrentan importantes presiones de desarrollo—, lo que refleja un vínculo directo entre la falta de conocimiento y la desigualdad.
Por el contrario, los países desarrollados mantienen tasas de alfabetización superiores al 96%, gracias a la inversión a largo plazo en ecosistemas del conocimiento. Sin embargo, el desafío no reside únicamente en el acceso, sino también en la calidad: aproximadamente 251 millones de niños y adolescentes en todo el mundo no han alcanzado las competencias básicas de alfabetización a pesar de asistir a la escuela.
El idioma también representa una barrera importante, ya que el mercado editorial mundial se concentra en unos pocos idiomas principales, mientras que los niños aprenden mejor en su lengua materna. Por lo tanto, se están impulsando iniciativas editoriales multilingües como parte de una estrategia de desarrollo sostenible.
El papel de los libros se evidencia claramente en diversos países. Cada nación posee un ecosistema lector único. Japón cuenta con la cultura Tachiyomi (leer de pie en las librerías), integrando la lectura en el transporte público y la educación desde el jardín de infancia. Corea del Sur posee una próspera industria de bibliotecas digitales y publicaciones electrónicas, donde más del 90 % de los adultos leen al menos un libro al año. India es el país con mayor tiempo dedicado a la lectura, con un promedio de más de 10 horas semanales por persona. Israel es conocido como la “nación de los libros”, donde la lectura es un ritual religioso y una tradición familiar, y se anima a los niños a debatir sobre el contenido de los libros.
Finlandia cuenta con más de 700 bibliotecas para sus 5,5 millones de habitantes, y ostenta la tasa de préstamo bibliotecario más alta del mundo: un promedio de más de 10 libros por persona al año. Las bibliotecas están diseñadas como modernas y multifuncionales “salas de estar públicas”, reflejo de una arraigada cultura de la lectura. Alemania, por otro lado, es considerada una “tierra sagrada” para la edición, sede de la mayor feria del libro del mundo (Fráncfort) y defensora de los precios de los libros para apoyar a las pequeñas librerías.
Mientras tanto, en Kenia, los modelos de bibliotecas móviles y los libros asequibles han contribuido a reducir la brecha del conocimiento. Estas experiencias demuestran que todos los caminos hacia el desarrollo pasan por los libros.
Más allá de su importancia social, la industria editorial es también un sector económico de gran envergadura, con un valor aproximado de entre 140.000 y 150.000 millones de dólares a nivel mundial. Los libros electrónicos y los audiolibros amplían el acceso a la información, mientras que los libros impresos siguen desempeñando un papel fundamental en la educación.
Si los libros son la base del conocimiento, los derechos de autor son la base de la creatividad. En la era digital, esta relación se hace aún más evidente. Internet facilita la rápida difusión de contenido, pero también incrementa la infracción de derechos de autor. Datos de MUSO (Reino Unido) muestran que en 2024 se registraron 216.300 millones de visitas a sitios web que infringían derechos de autor, de las cuales aproximadamente 66.000 millones correspondieron al sector editorial. Cada año, se descargan ilegalmente alrededor de 4 millones de libros, lo que ocasiona pérdidas de 300 millones de dólares a la industria editorial. Las pérdidas totales para la industria del contenido digital podrían superar los 75.000 millones de dólares anuales y se prevé que alcancen los 125.000 millones de dólares en 2028 si no se toman medidas efectivas.
Si los libros son la base del conocimiento, los derechos de autor son la base de la creatividad. En la era digital, esta relación se hace aún más evidente. Internet facilita la rápida difusión de contenido, pero también incrementa la infracción de derechos de autor. Datos de MUSO (Reino Unido) muestran que en 2024 se registraron 216.300 millones de visitas a sitios web que infringían derechos de autor, de las cuales aproximadamente 66.000 millones correspondieron al sector editorial. Cada año, se descargan ilegalmente alrededor de 4 millones de libros, lo que ocasiona pérdidas de 300 millones de dólares a la industria editorial. Las pérdidas totales para la industria del contenido digital podrían superar los 75.000 millones de dólares anuales y se prevé que alcancen los 125.000 millones de dólares en 2028 si no se toman medidas efectivas.
En este contexto, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) subraya que los derechos de autor no son una barrera, sino una condición para la creación de conocimiento. A medida que la inteligencia artificial (IA) se integra cada vez más en la creación de contenido, la necesidad de establecer un marco jurídico que equilibre la innovación y la protección de los derechos de autor se vuelve aún más urgente.
PHUONG MINH
Fuente: https://nhandan.vn/the-gioi-thuc-day-he-sinh-thai-doc-sach-post968892.html



