El silencio de la noche en un refugio de animales suele ser, en realidad, un estruendo de ladridos, llantos y rascado de puertas. Para un perro que ha conocido el calor de un hogar o que ha sufrido el trauma del abandono, el momento en que las luces se apagan y los humanos se marchan es el más crítico del día. Conscientes de esta realidad, un grupo de voluntarios ha decidido romper con la norma establecida: si el perro no puede ir a una casa, la calidez de un hogar debe trasladarse al refugio La iniciativa, que se ha vuelto viral tras compartirse en redes sociales como Instagram, muestra una imagen tan insólita como conmovedora. Personas descansando sobre mantas o colchones improvisados dentro de los propios caniles o en las zonas comunes de las protectoras. La ciencia del descanso: el fin de la alerta permanente La etología canina es tajante:
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