El silencio de la noche en un refugio de animales suele ser, en realidad, un estruendo de ladridos, llantos y rascado de puertas.
Para un perro que ha conocido el calor de un hogar o que ha sufrido el trauma del abandono, el momento en que las luces se apagan y los humanos se marchan es el más crítico del día.
Conscientes de esta realidad, un grupo de voluntarios ha decidido romper con la norma establecida: si el perro no puede ir a una casa, la calidez de un hogar debe trasladarse al refugio
La iniciativa, que se ha vuelto viral tras compartirse en redes sociales como Instagram, muestra una imagen tan insólita como conmovedora.
Personas descansando sobre mantas o colchones improvisados dentro de los propios caniles o en las zonas comunes de las protectoras.
La ciencia del descanso: el fin de la alerta permanente
La etología canina es tajante: el perro es un animal social que depende de la estructura del grupo para sentirse seguro.
Expertos como Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, han señalado en diversas ocasiones que el entorno del refugio es uno de los mayores estresores para un cánido. La presencia humana nocturna actúa como un “amortiguador social”, reduciendo la reactividad del animal.
Al notar que un humano descansa cerca, el sistema nervioso del perro sale del estado de “lucha o huida”.
Según la etóloga y educadora canina Alba Benítez, de Simiperrohablara, el contacto y la compañía durante el sueño ayudan a regular los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
Un perro que no entra en fase REM debido al miedo desarrolla patologías de comportamiento crónicas. Por ello, estas pernoctaciones no son solo un gesto de cariño, sino una intervención terapéutica que previene el desarrollo de estereotipias y conductas autodestructivas derivadas del confinamiento.
Un puente necesario hacia la reinserción y el fin del estigma
El beneficio de estas noches de guardia trasciende el bienestar inmediato; el objetivo final es la adoptabilidad.
Un perro que descansa es un perro más equilibrado. En este sentido, especialistas en comportamiento como Santi Vidal, referente en la educación canina en España, sostienen que el manejo emocional es la base de cualquier rehabilitación exitosa.
Si un animal logra asociar la presencia humana con la seguridad y el descanso, su capacidad para integrarse en un nuevo hogar aumenta exponencialmente.
Sin embargo, esta entrega de los voluntarios también arroja una luz cruda sobre la situación de las protectoras.
Mientras estas personas sacrifican su descanso para paliar el sufrimiento animal, referentes como Nacho Paunero, presidente de la asociación El Refugio, han denunciado históricamente la falta de recursos y la necesidad de leyes que protejan la salud mental de los animales en centros de acogida.
La imagen de un voluntario durmiendo sobre el cemento junto a un perro asustado es un testimonio de amor, pero también una denuncia silenciosa contra la saturación de un sistema que depende, casi en exclusiva, de la resiliencia y la buena voluntad ciudadana.
Fuente: https://www.elespanol.com/



