El crecimiento del consumo digital ha convertido internet en una infraestructura esencial para la vida cotidiana, pero también ha incrementado una huella ecológica que permanece en gran medida invisible para la ciudadanía. El almacenamiento y procesamiento de datos en la nube, el funcionamiento de los centros de datos y la fabricación y sustitución constante de dispositivos electrónicos como routers y smartphones están generando un impacto ambiental creciente asociado al uso diario de la tecnología. Según datos de la Comisión Europea, los centros de datos representan ya en torno al 1,5% del consumo eléctrico global y aproximadamente un 3% en la Unión Europea, una cifra en aumento impulsada por el crecimiento de la nube, el streaming y el desarrollo de la inteligencia artificial. Las proyecciones apuntan a que esta demanda energética podría más que duplicarse en los próximos años si no se adoptan medidas de eficiencia y reducción del consumo digital.
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