Mujeres refugiadas que huyen de violencia de género y la guerra: “En España me siento segura y cómoda”

Gabriela Sampaio y Fatima Al-Omar tienen varias cosas en común. Salieron de sus países por causa de fuerza mayor, llevan pocos años en España y son mujeres refugiadas; es decir, beneficiarias de protección internacional en nuestro país, ya que huyen de violencia de género y de la guerra de Siria.

El año pasado, más de 117 millones de personas de todo el mundo tuvieron que dejar sus hogares por causas ajenas. España gestionó 144.396 solicitudes de protección internacional, un 58% de hombres mientras que el 41% fue de mujeres.

“Temía por mi vida y la de mis hijos”

Sampaio explica que llegó de Angola hace dos años y medio: “La decisión de venir a España fue consecuencia de un divorcio. Mi pareja no aceptaba el divorcio como tal y empezaron las persecuciones y los acosos. Temía por mi vida y la de mis hijos”. La violencia de género es una de las razones por las que se puede pedir asilo en nuestro país desde 2009. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) reveló el año pasado que el 80% de las solicitudes que recibieron incluían este tipo de violencia.

Según la abogada de la asociación Karibu que gestiona atención a solicitantes de asilo, Susana García Pacheco, los casos de violencia machista son de los “más sensibles” dentro del programa de protección. “Ayudamos a estas mujeres a reforzar su solicitud de asilo mediante informes de ampliación de alegaciones. Muchas veces hacen las entrevistas ante los funcionarios de una forma muy vaga o muy ambigua. Las ayudamos a que puedan contar sus realidades”, explica.

“La violencia en otros países es estructural. La huida es total e inmediata“

García Pacheco critica que a veces, en las entrevistas, se les pregunte si podrían haber huido a otra parte de su país. “No pueden vivir en ningún otro lugar, ya que la violencia es estructural. La huida es total e inmediata”, aclara.

Así lo fue en el caso de Sampaio, que afirma que en Angola existen leyes que protegen en teoría, pero en la práctica no lo hacen. “Llegó un momento en el que no me sentía segura ni respaldada por estas normas. De hecho, tengo procesos abiertos en Angola que siguen ahí. La burocracia y la corrupción que hay también hacen que los derechos humanos estén un poco banalizados”. Esta notaria también tuvo que abandonar su trabajo en el Ministerio de Justicia.

“Poco a poco aprendí español y ahora estoy mejor”

Por su parte, Fatima Al-Omar llegó con su marido y sus hijos hace cuatro años desde Líbano, país que les acogía desde que estalló la guerra en Siria. Pasaron un año y medio en el programa de asilo con CEAR. Para ella, la ayuda institucional fue clave: “Nos ayudaron a aprender castellano y la cultura de España, a escolarizar a mis hijos. Hice un curso de peluquería y mi marido de carnicero”.

Al-Omar señala como mayores dificultades no contar con una red familiar o de amistades de apoyo y la dificultad del idioma. “Cuando llegamos, lloraba mucho porque mi madre y mi hermano estaban en Líbano, aquí no conocía a nadie”, relata, “poco a poco aprendí español y ahora estoy mejor”. Así, viven en un piso alquilado en Villalba y han hecho comunidad con las familias del colegio de sus hijos. Mientras que su marido trabaja en un restaurante, ella por ahora cuida de sus cuatro hijos y tiene el sueño de trabajar en una peluquería en un futuro.

“Debemos involucrarnos en asistir y acompañar a estas personas que están profundamente heridas“

Para Sempaio, los comienzos también fueron complicados, no solo porque el portugués no se parecía tanto al castellano como pensaba, sino por no tener la posibilidad de trabajar los primeros meses —en el proceso de solicitar el asilo, los seis primeros meses no se puede trabajar—. Relata que el encontrar vivienda también fue complicado, en un primer momento fue una amiga quien los acogió unos meses en su casa. Sin embargo, ahora trabaja como técnica de formación y empleo en Karibu y reconoce sentirse “segura y cómoda”.

García Pacheco también señala como principal escollo la dificultad para concertar cita con la Oficina de Asilo y Refugio, para la que solicita más recursos y personal. Asimismo, hace un llamamiento social: “Debemos involucrarnos en asistir y acompañar a estas personas que están profundamente heridas y tienen mucho miedo. Hay que pedir más implicación social”.

Fuente: https://www.rtve.es/

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