“Lo que más me preocupa del momento actual en España es la incapacidad de llegar a acuerdos entre los partidos políticos”
Tras una dilatada trayectoria como ministra, diputada y figura clave del movimiento social en España, Matilde Fernández, presidenta del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), continúa volcada en analizar y combatir uno de los grandes desafíos sociales de nuestro tiempo: la soledad. Fernández, psicóloga de formación, precisa en esta entrevista las causas estructurales que alimentan las distintas soledades, su impacto en la salud, las desigualdades que las intensifican y las políticas necesarias para ponerles freno. También reflexiona sobre el papel de las empresas, las redes vecinales y la perspectiva de género en un fenómeno que afecta de manera especial a mujeres, mayores y personas con discapacidad.
atilde Fernández Sanz (Madrid, 1950) es una de las figuras más influyentes de la política y la acción social en España. Fue la primera ministra de Asuntos Sociales (1988–1993) y desempeñó diversos cargos como dirigente socialista. Psicóloga de formación y comprometida desde muy joven con la defensa de los derechos sociales, ha contribuido decisivamente al desarrollo de políticas de igualdad, inclusión y atención a la discapacidad. En la actualidad ejerce como presidenta del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), desde donde impulsa el análisis y la respuesta institucional y comunitaria frente a uno de los grandes retos sociales contemporáneos.
– Tras décadas de compromiso social y político, ¿qué le preocupa más del momento actual?
Sin lugar a dudas, lo que más me preocupa del momento actual en España es la incapacidad de llegar a acuerdos entre los partidos políticos; lo que produce inseguridad a la ciudadanía, ausencia de toma de decisiones muy necesarias para el interés general y especialmente para las personas que más lo necesitan, y falta de confianza o tranquilidad en general.
– ¿Qué le gustaría ver cambiado en España en el ámbito social dentro de cinco años?
Me gustaría que los 193 países, que en 2015 en la sede de Naciones Unidas firmaron la Agenda 2030 o los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con sus 169 metas, dieran cuenta de sus avances. Me gusta decir que los 17 ODS se convierten realmente en tres objetivos: cuidar de las personas, del planeta-naturaleza y hacerlo con diálogo, acuerdos, pactos, consensos.
En España me gustaría que realmente hubiéramos avanzado en la reducción de las brechas que nos avergüenzan: la brecha de la desigualdad económica de la ciudadanía, la brecha de la desigualdad entre hombres y mujeres, y la brecha entre generaciones y territorios. En definitiva, tener una España con más igualdad.
– ¿Por qué considera que la soledad no deseada se ha convertido en una cuestión de salud pública en España?
Esto lo dice la propia comunidad científica sanitaria a través de sus organizaciones y especialidades y así también la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las soledades cuando se cronifican, cuando se instalan en las personas y producen sufrimiento, acaban manifestando una mayor prevalencia en algunas enfermedades y no solo con depresiones o ansiedades, también en enfermedades como anginas de pecho, infartos de miocardio, ictus y otras alteraciones del corazón y del sistema circulatorio.
También hay trabajos clínicos sobre prevalencia mayor de diabetes. Las soledades acaban teniendo un coste sanitario claro por un mayor uso de los servicios sanitarios, especialmente los de Atención Primaria, aunque también el mayor uso de los servicios de especialistas y los hospitalarios y urgencias hospitalarias. A lo que hay que añadir un mayor consumo de medicamentos de las familias de tranquilizantes y antidepresivos o estimulantes. Nuestro Estudio sobre ‘Los costes de la soledad no deseada en España’ de 2023 es de interés.
“Las llamadas ‘recetas sociales’ son una buena herramienta para prevenir soledad y para evitar que ésta vaya a más”
– ¿Qué elementos estructurales están alimentando este fenómeno?
La soledad es un malestar multifactorial y el riesgo aumenta cuando se relaciona con otros problemas estructurales. Las soledades aparecen, en primer lugar, por la acumulación de pérdidas y por la percepción de vivir una pobreza de relaciones, sean éstas familiares, sociales, laborales o de amistades. Pobreza en la cantidad y en la calidad de esas relaciones y contactos. Pero las soledades crecen cuando se observan desigualdades económicas, culturales y sociales y también enfermedades físicas o psicológicas.
Las personas con educación universitaria experimentan menos soledad que las personas que no han terminado sus estudios. Podríamos decir que mientras más educación y estudios existan a lo largo de la vida, menos riesgo de sentir soledad de la persistente. Las personas desempleadas sienten más soledad que las que están trabajando. Lo mismo sucede con las personas que no llegan a fin de mes, que tienen dificultades para cubrir las necesidades básicas de y para su familia.
La pobreza material incrementa la soledad. La percepción de la soledad es mayor en las personas con problemas de salud mental y con enfermedades crónicas.
Lo mismo sucede con las personas con menor autoestima, con menor seguridad en sí mismos y con muy poca seguridad en los demás. En definitiva, hay una seria correlación entre soledades y desigualdades.
– ¿Hasta qué punto la soledad crónica está relacionada con la pérdida de redes familiares, sociales o vecinales?
Así empieza la soledad, con pérdidas y con falta de relaciones y conexiones en el entorno. Las personas hemos de aprender a mantener un esfuerzo en cuidar a quienes están a nuestro alrededor y en buscar nuevas relaciones. Hemos de esforzarnos por hacer redes y contactos con proyectos afines para prevenir soledades.
Las llamadas “recetas sociales” son una buena herramienta para prevenir soledad y para evitar que ésta vaya a más. Las recetas sociales permiten hacer comunidad, hacer barrio, juntarse para hacer algo deseado conectándose con otras personas. Hay iniciativas muy interesantes y sanas, mental y físicamente hablando.
– ¿Cree que España está avanzando hacia un modelo más comunitario e intergeneracional?
Paso a paso, verso a verso, poco a poco, avanzamos hacia un trabajo más comunitario e intergeneracional. Las políticas comunitarias en las zonas rurales y en los municipios pequeños y medianos se desarrollan a más velocidad que en las grandes ciudades. Las políticas intergeneracionales cuestan más que se enraícen.
– ¿Qué políticas urgentes hacen falta para frenar la cronificación de la soledad?
Hemos de seguir dedicando esfuerzos en sensibilizar a la sociedad sobre el problema, sin estigmatizar y sin caer en edadismos y hacerlo dejando los mensajes pedagógicos de la necesaria inclusión e integración.
Somos seres sociales por naturaleza y hemos de huir del individualismo y egoísmos, desarrollar redes y, vuelvo a decir, fortalecer la comunidad con sentimiento de permanencia a ella.
Le recuerdo el dato del Estudio sobre la soledad de las personas con discapacidad en España de 2025: el 50,6 % de las personas con discapacidad sienten soledad. Dato escalofriante.
– ¿Cómo podrían convertirse las empresas en agentes de acompañamiento y comunidad?
Mi receta es vieja, pero creo que válida: todas las empresas medianas y grandes deberían tener un programa completo de preparación para la jubilación en los últimos años de la vida laboral. En las empresas más pequeñas debería realizarse este programa formativo y preparador para la nueva realidad a vivir desde las patronales o desde la organización de los polígonos industriales y, en este caso con la colaboración del ente municipal. Las empresas deberían apoyar la creación de asociaciones de extrabajadores que sigan teniendo una vinculación con su empresa y, sobre todo, sirvan para desarrollar sus conocimientos y experiencias. Sentirse útiles tras su jubilación y seguir estando vinculado a lo que ha sido parte importante de la vida, el trabajo.
“La sonrisa y el saludo son grandes medicinas y, desde luego, la escucha”
– Usted insiste en recuperar el barrio. ¿Qué significa eso en términos prácticos? ¿Qué papel juega?
Significa contar con todos en la proximidad, en la cercanía. Significa dar un valor social a cualquier espacio y organización y apoyar esa dimensión social. Eso supone una mayor calidad democrática y aprovechar todos los potenciales. Unas organizaciones abiertas al barrio, desde el colegio a la comunidad de propietarios de cada edificio de viviendas, desde la asociación de vecinos al centro cultural, desde el centro de mayores a la casa de acogida de mujeres maltratadas, desde el centro de salud, al de servicios sociales, desde la oficina de correos al puesto de venta de la ONCE… Conexiones entre todos e intercambio de experiencias para responder a las necesidades de las personas y el entorno.
– ¿Qué pequeños gestos cotidianos pueden marcar la diferencia en una persona que se siente sola?
La sonrisa y el saludo son grandes medicinas y, desde luego, la escucha. Cuando alguien en el barrio te dice “No puedo con mi alma” o “siento tanta tristeza que no me apetece hacer nada” hay que dedicarles tiempo, hacerles propuestas y acompañarlos a donde les puedan atender.
– Desde su experiencia como psicóloga y política, ¿por qué nos cuesta tanto reconocer que estamos solos?
Si hay alguna responsabilidad, está en la sociedad individualista, egoísta y competitiva que nos rodea. El esfuerzo colectivo por hacer una sociedad más solidaria y colaborativa es nuestra tarea: en las familias, círculos de amistades y trabajo, barrios y pueblos donde vivimos.
Desde la escuela hemos de transmitir y educar en que una persona fuerte es quien también reconoce sus fragilidades y su necesidad de pedir apoyo y ayuda.
En nuestros estudios, especialmente las personas jóvenes, reconocen que ojalá hubieran pedido ayuda antes porque con ella han roto un círculo viciado y han hecho frente a su malestar.
Fuente: https://revistaperfiles.com/


