Cristina Sánchez, de 27 años, es una joven de Caravaca de la Cruz que estudió Pedagogía y decidió dedicar parte de su tiempo a la causa de la inclusión social. Desde su adolescencia, sintió la necesidad de ayudar al bienestar a otras personas. Hoy, como voluntaria en el área de ocio y deporte de la asociación de Familias de Personas con Discapacidad Intelectual del Noroeste Murciano (Apcom), de Plena inclusión Región de Murcia, Cristina ha vivido experiencias que han cambiado su forma de ver el mundo.
“Siempre he tenido inquietud por participar en algo que aportara valor a los demás”, comenta Cristina al recordar cómo surgió su decisión de hacerse voluntaria. Fue en su búsqueda por encontrar una manera de impactar positivamente que se decidió por el voluntariado, y más específicamente, por apoyar a las personas con discapacidad en el disfrute de su tiempo libre. Para ella, es fundamental que estas personas puedan vivir experiencias enriquecedoras, hacer amistades y sentirse incluidas en la sociedad. «El voluntariado me permitió ver cómo las pequeñas acciones pueden generar grandes cambios en la vida de los demás.»
Uno de los aspectos más destacados en la labor de Cristina es su visión sobre el trato hacia las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo. «El valor principal es la empatía», señala. Para ella, tratar a estas personas con igualdad es clave. «No debemos infantilizarlas ni imponerles nuestra voluntad. Es necesario escucharlas, acompañarlas y apoyarlas sin condescendencia, siempre desde el respeto», expresa Cristina, quien reconoce que esta actitud de respeto y comprensión es lo que hace que el voluntariado sea tan enriquecedor.
Cristina describe su experiencia de voluntariado como algo profundamente transformador. Más allá de ayudar a los demás, ha aprendido mucho sobre sí misma. “He cambiado mi forma de entender a las personas y me he dado cuenta de todas las barreras sociales con las que se encuentran en su tiempo de ocio”, reflexiona. Según Cristina, el voluntariado le ha dado una visión más amplia y consciente de las dificultades que enfrentan aquellas personas que, por alguna razón, están en una situación de vulnerabilidad o exclusión social. Esto le ha permitido acercarse al mundo de la discapacidad desde una perspectiva más empática.
Aunque su formación académica en Pedagogía ha sido una base teórica importante, Cristina subraya que el mayor aprendizaje ha sido el trato directo con personas diversas. «La formación académica te ayuda a entender los conceptos, pero es el trato continuo con las personas lo que realmente te enseña a adaptarte, a ser flexible y a responder a las necesidades de cada uno de forma adecuada», explica.
La influencia del voluntariado en la vida de las personas con discapacidad es clara para Cristina. “El impacto es muy positivo. La amistad entre voluntario y persona con discapacidad se convierte en una relación auténtica, basada en el respeto y la igualdad”, asegura. Para ella, el voluntariado no solo es un apoyo individual, sino también un motor de cambio social.
En su día a día como voluntaria, Cristina se dedica a apoyar en las actividades de ocio y deporte, ayudando a minimizar las barreras que puedan encontrar las personas con discapacidad, ya sean físicas, cognitivas o sociales.
Durante estos años, Cristina ha aprendido valiosas habilidades, como la capacidad de comunicarse de manera clara y adaptada, a desarrollar paciencia y a trabajar en equipo. Además, ha mejorado su capacidad para gestionar imprevistos y resolver situaciones de manera tranquila y efectiva.
Cristina tiene un consejo para aquellos que están pensando en embarcarse en el mundo del voluntariado: «Cierra los ojos y abre el corazón”.
Fuente: https://www.plenainclusion.org/


